miércoles, 21 de febrero de 2018




Cabrón:

No, no te fijes en sus gemidos,

ella puede gritar como una puta

ninfómana y no sabrías si finge

o no.


Fíjate en sus gestos naturales,

en sus pies que pone de puntillas

como bailarina, en la rigidez de

detrás de sus rodillas, en sus axilas

sudorosas y su respiración; siente su

carne al abrirse y lo caliente que

es por dentro; su humedad, sí,

tócala si así lo deseas, pues si

está en ese éxtasis no le importará.

Haz que se pruebe ella misma y que

se haga adicta a su sabor, a su olor.


Dile suciedades al oído, si te pide que

le sigas hablando así, y que le chupes

la oreja, cabrón, es porque lo estás

haciendo bien; dile más y haz que

ellas misma se las diga. Siente su

saliva, lámele los labios, también

su boca. Siente como se va muriendo,

como se desmorona, como le brincan

algunos músculos naturalmente,

como se desespera y se aferra a ti.


Observa como se tuerce,

como estruja las sábanas,

como sucumbe lentamente,

como te dice cosas que nunca había dicho,

como se pone como nunca se había puesto,

como se excita,

como se muere,

sí, como se muere.


Mira como le tiemblan las piernas

y explota frente a ti,

y quiere ser salvada,

para no morir de placer.

Observa bien esa metamorfosis

de diosa a humana pecadora,

carnal, necesitada de ti,

de un simple cabrón como tú.


Cuando haya pasado todo esto,

entonces sí, fue tu puta, y ella lo

sabe, y ella te lo dijo, y quiso que se

lo dijeras y que la trataras como tal

no porque quisiste sino porque ella

deseó ser y decirlo, y sentirse así;

se sintió tan libre y plena al ser tu puta;

promiscua, llena, puta; sí, eso fue,

eso quiso, quiso ser tu puta, cabrón..














-Gustavo Jair Hernandez.